Hallazgos en Atapuerca sobre la geología , el clima y los rituales – Boletín 21 de SEDECK
En el Boletín número 21 de la Sociedad Española de Espeleología y Ciencias del Karst (SEDECK), otros cinco artículos que os damos a conocer.
Recientes investigaciones en el sistema kárstico de la Sierra de Atapuerca, desvelan desde la formación de sus cavidades y el control de su microclima hasta avanzadas técnicas de datación en espeleotemas y el uso simbólico de la zona en la Prehistoria reciente.
· Origen del karst y refugio de homínidos: El ascenso de
aguas subterráneas mineralizadas y el progresivo encajamiento del río Arlanzón
crearon un sistema de cuevas multinivel que, al quedar libre de agua, sirvió de
hábitat a distintas especies humanas durante 1,5 millones de años.
· Microclima y precipitación de calcita: Entre 2011 y 2021 se identificaron tres zonas climáticas en Cueva Mayor (ventilada, semiconfinada y confinada); la acumulación de CO2 alcanza su pico en verano y determina de forma inversamente proporcional la cantidad de calcita que precipita en la cueva.
- Precisión en la datación de espeleotemas: El análisis microestratigráfico y la geocronología por uranio-torio de la estalagmita SLX2 en la Galería del Sílex establecen un método clave para reconstruir climas pasados de forma rigurosa y sin margen de error.
· Santuario y arte rupestre en la Galería del Sílex: Durante el Neolítico y la Edad del Bronce, la galería funcionó como espacio ritual y funerario, albergando arte esquemático único (con figuras antropomorfas femeninas) y restos con influencias culturales del Mediterráneo y Centroeuropa.
- El Mirador (Atapuerca): uso ganadero y funerario en la Prehistoria: La cueva de El Mirador (Atapuerca, Burgos) alberga un depósito de 6 metros formado principalmente por estiércol (fumier), reflejo de su uso continuado como redil. En el Neolítico, con 4 metros de sedimento, es un registro clave para analizar las prácticas ganaderas iniciales y su impacto ambiental en el interior de la península ibérica. Uso funerario (siglos III a II a. C.), donde la cueva cambió de función, albergando inhumaciones colectivas e individuales, además de evidencias de canibalismo. En la Edad del Bronce Medio, ocupa los 2 metros superiores del depósito, retomando su carácter de redil.





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