Cazadores en l’Avenc del Bovalar (Cinctorres, Castellón): Lithobiusjorbai Serra, 1977

Esta es la tercera visita que publicamos y, como en las anteriores, volvemos a quedar atrapados por el interés de la fauna cavernícola que contemplamos. En esta ocasión, nos acercamos al’Avenc del Bovalar, una pequeña pero reveladora gruta próxima a la localidad de Cinctorres, dentro del conjunto de sierras carbonatadas del Maestrazgo castellonense.

 

A primera hora de la mañana partimos cuatro compañeros desde Valencia: Agustín, Anatolio, Pati y Alberto. Habíamos quedado con otros dos compañeros, Cristina y Floren, en Cinctorres y el tiempo apremiaba. Nuestro primer café, que solemos tomar en una de esas viejas bodeguitas, de las pocas que aún quedan en pie, tuvo que posponerse. Propongo que, en adelante, entre nuestras vituallas no falte un termo con café del bueno, sostenible y de precio justo. Son algo menos económicos, pero así evitamos que estas deliciosas semillas del árbol del café o cafeto sean cultivadas bajo condiciones de explotación humana.

Por cierto, no os hemos dicho que Floren, al que veremos en un par de horas de coche, es nuestro más veterano y querido amigo. Un verdadero “connaisseur” de la fauna subterránea, en particular del noreste peninsular, pero también de las cavidades del Rif y Atlas marroquí donde puntualmente acude todos los años. Y, como no, se conoce a la perfección la vida subterránea en estas cavidades que solemos visitar.

FOTO: De izquierda a derecha, Anatolio, Agustín, Alberto y Pati. Cristina se fue rápido a abrir la cueva acompañada de Floren. Fotografía de Anatolio.

Al llegar, como “valencianos” de pedigrí, toca un buen “esmorzaret” en el bar donde recogemos la llave de acceso a la cavidad. El Ajuntament de Cinctorres siempre ha tenido la amabilidad de otorgarnos este privilegio de entrada. Sus representantes son los custodios de la cavidad, los responsables de su conservación. Esperemos que algún día otros consistorios municipales tomen buena nota de estas buenas prácticas para preservar el patrimonio histórico natural que suponen las cuevas y simas.

¡Cuatro párrafos y sin mencionar un bicho! ¡Qué calamidad!

Ha llegado el momento de hablar de nuestro protagonista principal; para conocerlo, abrimos la verja para descender por una galería angosta que a los pocos metros nos conduce a una pequeña sala. El techo de la misma se halla repleto de raíces humedecidas por el agua de filtración del exterior.


Las galerías de l’Avenc del Bovalar están jalonadas de raíces que surgen aquí y allá, colgando de techos y revistiendo en ocasiones las paredes. Fotografía de Patricia Soldado y Anatolio Tormos.

Como sabes, las raíces suponen esa parte subterránea de las plantas superiores o vasculares que forman parte de la vegetación en el exterior. Por cierto, nuestro amigo Agustín, que nos acompaña en esta visita, es uno de los mejores botánicos que tiene Valencia. Es un verdadero experto en el ajardinamiento de ciudades, un sabio del mundo vegetal, que aprovechó la visita para escudriñar la flora que cubre las superficies del karst donde se halla excavada la cavidad.

Hemos vuelto a desviarnos de nuestro relato bioespeleológico. ¡Centrémonos! Las raíces en las cuevas suponen un alimento que permite a la fauna darse un bacanal en un ecosistema pobre de recursos nutritivos. Os recomendamos que leáis la visita n.º 2 dedicada a la Cueva de los Moros de la Serranía de Cuenca, donde descubriréis la escasez de la fauna en las cuevas. Pero, en l’Avenc del Bovalar, la diversidad en especies sube un peldaño y lo hace gracias a sus raíces. Estas forman una comunidad con una cierta riqueza de vida que podemos observar en múltiples puntos dispersos a lo largo de los 250 metros de recorrido que posee la cavidad.

En estas superficies tapizadas de raíces, a veces enredadas entre ellas, vemos volar dípteros nematóceros y braquíceros, ocasionalmente advertimos la presencia de diminutos ácaros, colémbolos, dipluros e incluso caracoles. En otras épocas del año, en estas raíces se alojan gorgojos radicícolas de cierto tamaño, ¡por encima del centímetro! Las larvas de estos gorgojos comen raíces y los adultos, que en otras ocasiones hemos visto, vienen a depositar sus huevos. Por cierto, deciros que los gorgojos son escarabajos (coleópteros) de la familia de los curculiónidos, y estos del Bovalar pertenecen al género Otiorhynchus que, aunque gustan de vivir en las cuevas, poseen una cutícula pigmentada y unos “ojazos” que los delatan como visitantes temporales a la cavidad. En argot bioespeleológico, estamos frente a una especie troglófila, como buena parte de la fauna que hemos mencionado.

Toda esta comunidad de vida radicícola tiene algunos depredadores minúsculos como esquivas arañas del género Centromerus o esporádicos pseudoescorpiones. Estos pueden ser a su vez capturados por superdepredadores de este ecosistema, de los que conocemos dos. En la visita nos tropezamos repetidas veces con el más rápido, un veloz ciempiés de dos centímetros de largo −un gigante subterráneo− sin ojos funcionales, pálido y algo estilizado. Es el quilópodo Lithobiusjorbai, que fue descrito hace casi medio siglo por el biólogo catalán Antoni Serra de la Universitat de Barcelona; algún día hablaremos de este descubrimiento. Aunque si quieres saber más de ciempiés cavernícolas, te recomendamos leer el capítulo que a ellos se dedica en el libro Habitantes de la Oscuridad; te lo dejamos en las referencias. Este L. jorbaisi es un verdadero troglobio −especie exclusiva del mundo subterráneo profundo− adaptado a la vida en oscuridad total donde ver no es necesario. Y sin embargo, L. Jorbai devora toda la fauna que hemos visto y más. Por cierto, el otro gran depredador, este más misterioso si cabe, aún no lo hemos visto en persona; a ver si un día os lo contamos.

Estos son nuestros protagonistas de hoy, Lithobiusjorbai Serra, 1977, un superdepredador troglobio que habita un reducido número de cavidades en el maestrazgo castellonense

Estos son nuestros protagonistas de hoy, Lithobiusjorbai Serra, 1977, un superdepredador troglobio que habita un reducido número de cavidades en el maestrazgo castellonense. Fotografías y vídeos: Anatolio Tormos.

Pero, ¿cómo se desplaza sin luz? ¿Cómo captura sus presas? La respuesta la encontramos en la sofisticación de su equipo sensorial. Por una parte, sobre las antenas, ya de por sí repletas de sedas, además de algunos interesantes receptores con perforaciones en su superficie. Estos orificios permiten la entrada de gases de la atmósfera y su interior es sensible a ellos, puede así percibir olores. Por otra, una pareja de órganos llamados de Tömösváry, situados entre la inserción de las antenas y la posición donde se encontrarían los ojos que se hallan ausentes. Se trata de estructuras diminutas en los ciempiés que viven fuera de las cuevas −en los suelos de bosques o jardines−, pero que son extraordinariamente grandes en las formas cavernícolas, como lo son en L. jorbai. Con todos estos receptores, nuestro ciempiés no solo es capaz de reconocer el entorno inmediato, sino que también sabe, y con mucha destreza, cazar al acecho o perseguir a sus presas.

A la izquierda, la cabeza y parte de las antenas de un Lithobiusjorbai; en el centro, un trozo de un segmento de la antena ampliado donde se observan dos receptores especiales cuya superficie está multiperforada. Como ves en la derecha, ¡son las narices de estos ciempiés!

Nuestro singular Lithobiusjorbai es una de las exclusivas 18 especies –más otras dos subespecies– verdaderamente troglobias de su género presentes en el ámbito ibero-balear. Además, destaca por ser el único endemismo de tierras valencianas de estos Lithobius de las cuevas y simas hallados en un reducido número de cavidades. Por dicho motivo, debería este único a la vez que especial quilópodo ser considerado como una especie referente en la protección y conservación de los ecosistemas subterráneos fuertemente amenazados, en particular por el cada vez más alarmante cambio climático del planeta. 

En esta visita, Cristina, capaz de rastrear cualquier galería por angosta que esta sea, nos guio hacia los últimos rincones de la cavidad, de modo que pudimos finalizar nuestro estudio, aunque aún deberemos volver, y lo haremos pronto; y no tardaremos mucho en contaros más historias sobre su reveladora fauna.

La jornada de trabajo pasó rápida; Floren Fadrique no dejó escapar un segundo buscando especies que investigar y muestreando con su aspirador de mano. Sin duda, disfrutamos de la jornada de estudio de la cavidad. Video de Anatolio Tormos.

Al tiempo que observamos milímetro a milímetro en busca de la fauna, en algunos lugares de la cavidad disponemos de recipientes de recolección temporal que permiten conocer mejor la diversidad. Así como buenos chefs, vamos disponiendo plato especial 5 estrellas que más les gusta a nuestros habitantes de la oscuridad, como es el excremento de vaca a las finas hierbas, del que ese día tuvimos la fortuna de disponer.

Retrocediendo sobre nuestros pasos, volvimos a la entrada de la cavidad, recordando de nuevo el calor que estaba haciendo fuera. Cerramos el candado y devolvimos la llave pensando ya en la siguiente exploración bioespeleológica.

Referencias

Stoev, P., Sendra, A. & Cabanillas D. 2023. Quilópodos, depredadores con casi cien pies, págs. 353−360. En Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna Ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

https://www.cedelsports.cat/wp-content/uploads/Avenc-del-Bovalar.pdf

https://cavitats-subterranies.blogspot.com/2010/03/avenc-del-bovalar-cinctorres.html

https://www.nature.com/articles/s41598-023-48014-7

Alberto Sendra, Anatolio Tormos, Carles Domenech



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