La vida en las balsas pétreas de la Cueva de la Ramera (Beteta, Serranía de Cuenca)

Comienza una nueva mañana bioespeleológica. En esta ocasión nos adentramos en los entresijos de la vida subterránea de una hermosa cavidad de la Serranía de Cuenca: la Cueva de la Ramera. Su entrada se abre en un entorno idílico, sobre un cañón kárstico que conserva vestigios de una vegetación propia de climas más fríos, semejante a la de algunos bosques centroeuropeos. Así lo atestiguan los vetustos tilos de troncos retorcidos que jalonan parte de la senda que conduce hasta la cavidad o, mejor dicho, hasta la escalera por la que se accede a ella. Antaño, la entrada requería una escalada; hoy resulta más cómoda, pues basta con ascender por unos peldaños metálicos, siempre que dispongamos de la llave de la verja que da acceso a ellos.

La Ramera es una cavidad bajo estricto control por parte de los responsables públicos. La presencia de una colonia temporal de murciélagos, su valor geológico y cultural bien merecen esta restricción para garantizar su preservación.

Tras ascender la vista desde la entrada a la Cueva de la Ramera, nos ofrece una bella visión del cañón kárstico que se abre a nuestros pies. Fotografía: Nacho Velasco-Elena Prima.

Buena parte del interior de la Cueva de la Ramera está cubierto por bellos espeleotemas con formas de coladas, estalactitas, estalagmitas o gours. Fotografía de Nacho Velasco y Elena Prima.

Para esta visita a la Ramera nos hemos reunido Alberto Lupo, Elena, Nacho, Juan Carlos y Mercedes, del Club Diaclasa, además de Alberto Sendra, que se desplazó desde Valencia. Nuestro objetivo es recuperar los dispositivos de muestreo que dejamos durante la visita anterior y que deberían ofrecernos una visión más precisa de la composición de la fauna cavernícola. Nos interesa especialmente la fauna más profunda, aquella que habita exclusivamente en la red de conductos subterráneos del macizo kárstico. Las muestras obtenidas revelaron una fauna terrestre muy escasa, apenas perceptible a simple vista y representada por unas pocas especies, principalmente colémbolos y algunos dípteros (moscas y mosquitos) capaces de volar en la oscuridad.

Un homenaje en la profundidad

En el interior de la cavidad nos encontramos con una agradable sorpresa, y no fue una nueva especie cavernícola, fue un recuerdo, un homenaje al joven espeleólogo José Manuel Vera por parte de los espeleólogos conquenses del GAES (Grupo de Actividades Espeleológicas Slalom). Así lo decidieron los espeleólogos conquenses que descubrieron estas galerías y salas plagadas de formaciones estalagmíticas, dedicándole su nombre a una de las vías de acceso a la zona más profunda de la Cueva de la Ramera. Vera tenía 21 años y, pese a su juventud, era una espeleóloga muy completa con gran interés tanto por técnicas de progresión como por aspectos científicos, incluyendo su dedicación a la bioespeleología. Él y sus cuatro compañeros del Centro Excursionista de Alicante se adentraron en diciembre de 1976 en el Complejo Hundidero Gato (Málaga), pero una crecida del río que atraviesa esta gruta de grandes dimensiones les atrapó, y Vera arriesgó su vida para buscar una salida a su crítica situación, pero la fuerza de las aguas terminó por arrastrarlo. Sus compañeros fueron rescatados seis días después, y el cuerpo de su compañero, tres meses más tarde, en una sala interior de la cavidad donde perdió la vida. José Manuel Vera seguirá en la memoria de los que amamos este deporte-ciencia que constituye la espeleología. 

Galería del Complejo "J. Manuel Vera", donde se conserva la placa en recuerdo al joven espeleólogo. Fotografía: José Velasco y Maika Colmena

Placa colocada en la galería que accede a la parte más profunda de la cavidad. Fotografía: Mercedes Cano.

Casi cualquier cavidad alberga dípteros que siguen a murciélagos y otros vertebrados como los tejones para alimentarse de sus restos, incluso nos siguen a nosotros cuando nos adentramos a grandes profundidades. Simas como la de Krubera-Voronya en el Cáucaso occidental o la Sima GESM en la Sierra de las Nieves de las Béticas tienen a los dípteros como visitantes en ocasiones frecuentes, en particular cerca de los vivacs situados a mil o incluso dos mil metros de la superficie. ¡A sus larvas no les faltan nutrientes!

Sin embargo, si la fauna terrestre es escasa en esta y otras cavidades de la Serranía, las aguas, en particular en las balsas pétreas conocidas como gours, son pobladas por seres fácilmente observables. Patinando en las superficies de estas aguas estancadas y, si nos acercamos mucho, casi con nuestras narices rozando el agua, veremos unos microcolémbolos. Como disponemos de una lupa de mano, los podemos ver de cerca, distinguiremos cuerpos rechonchos ligeramente moteados de colores rojizos. De ellos ya os hemos hablado en la visita n.º 2. Ya en el fondo de estas masas de agua se hacen evidentes pequeños crustáceos blanquecinos con la forma de cochinillas de la humedad. No poseen ojos y son tan transparentes que se distingue lo que han ingerido, en general restos orgánicos mezclados con los lodos del fondo. Son un excelente ejemplo de seres ‘detritívoros’ que actúan como ¡limpiadores de las aguas subterráneas! Es bueno que lo sepamos, ya que la limpieza de estas aguas que alimentan nuestras fuentes y manantiales depende de ellos.

El isópodo Bragasellus lagari

Pero ¿cómo se llaman estos crustáceos blancos de las balsas pétreas? Son acuáticos de la familia Asellidae. El nombre «isópodo» procede del griego isos-, «igual», y podos, «pie», en referencia a la semejanza general entre sus patas torácicas. Los ejemplares encontrados pertenecen a Bragasellus lagari, una especie cuyo nombre rinde homenaje al bioespeleólogo catalán Ángel Lagar, del que algún día os hablaremos. Posteriormente, Jean-Paul Henry y Guy Magniez estudiaron y describieron formalmente la especie. Ambos zoólogos franceses son reconocidos por sus detallados trabajos sobre la taxonomía y la biología de los crustáceos acuáticos, con especial atención a las formas subterráneas. Sus meticulosas ilustraciones constituyen auténticas obras de arte científico.

Aquí vemos la figura original modificada que Jean Paul y Guy dibujaron en el trabajo que describe y acuña el nombre a nuestro Bragasellus lagari, por cierto, fijaros en sus antenas, tienen una corta y otra bien larga.

El género Bragasellus comprende unas pocas especies habitantes de aguas superficiales y un número mayor de especies estigobias (= exclusivas y adaptadas a las aguas subterráneas). Estas últimas, carentes de ojos y de pigmentación corporal, habitan diferentes sistemas de aguas subterráneas de la Península Ibérica.

En el caso de Bragasellus lagari, los datos disponibles indican que puede ocupar tanto conductos kársticos como medios intersticiales, es decir, los espacios existentes entre las gravas y arenas de los sedimentos. La especie se ha localizado entre los 240 y los 1.500 m de altitud, en las cuencas altas del Tajo, el Júcar-Cabriel y el Turia, principalmente en Guadalajara, Cuenca y Valencia.

Por tanto, B. lagari no parece ser un relicto restringido a una única cavidad, sino una especie estigobia con una distribución relativamente extensa. Afonso et al. (1996) propusieron que sus antepasados pudieron expandirse desde el sector noroccidental de la Península Ibérica hacia el alto Tajo y, posteriormente, alcanzar las cuencas mediterráneas del Júcar-Cabriel y el Turia, posiblemente favorecidos por la continuidad de los medios intersticiales.

Junto a este detritívoro no podría faltar otro, un especialista en basuras orgánicas, las lombrices de agua o anélidos dulceacuícolas. Aún nadie los ha estudiado, pero esperamos poder contaros algo sobre ellos en nuevas entradas.

Videos de Bragasellus y anélido

El regreso a la superficie

Tras cuatro horas de muestreo y tomar algunas imágenes, salimos de la cavidad; el calor volvió a invadirnos. Por fortuna, nos esperaban algunas bebidas refrescantes. En el parking que accede al sendero, nos encontramos con unos amigos de Alberto Lupo que tuvieron el gusto de compartirlas con todos nosotros. Al atardecer regresamos a casa para seguir con nuestras vidas en un entorno cada vez más afectado por el cambio climático que hemos provocado. En las cuevas, este efecto amortiguado causará la desaparición de parte de la fauna, incluso de la que aún queda por descubrir, otra se salvará gracias a este refugio ambiental que suponen las cuevas, pero nosotros no somos cavernícolas. ¿Dónde encontraremos nuestro refugio? 

Referencias

Afonso, O., Henry, J.-P. & Magniez, G. 1996. Nouvelles données sur le genre Bragasellus (Crustacea: Isopoda: Asellidae). Contributions to Zoology, 66(2): 109–118.

Henry, J.-P. & Magniez, G. 1973. Un nouvel Asellide cavernicole d’Espagne centrale: Bragasellus lagari n. sp. (Crustacea Isopoda Asellota). International Journal of Speleology, 5(3–4): 273–282.

Henry, J.-P. & Magniez, G. 1988. Isopodes Aselloïdes stygobies d’Espagne récoltés par J. Notenboom et I. Meijers. II — Le genre Bragasellus et description de sept nouvelles espèces. Stygologia, 4(4): 332–362.

Jaume, D., Palero, F., Herrando-Pérez, S. y Garcia, Ll. 2023. Isópodos, crustáceos de patas similares, págs 303‒322. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

https://museucienciesjournals.cat/es/other/mz/mz-volum-04-1-1977/in-memoriam-2

Enlace al post nº2 ……

Alberto Sendra, Ferran Palero y Miembros del Club Diaclasa

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