El fascinante hallazgo del Cottodesmus breuili en Soria

Una pequeña historia de la bioespeleología ibérica (Cueva de San Cristóbal, Arganda-San Jerónimo, Soria): hallazgo y descubrimiento del fascinante diplópodo Cottodesmus breuili.

Enumeración de las grutas visitadas s XXI / 2026 / n.º 6 en YouTube

En este sexto relato de la serie Enumeración de las Grutas Visitadas 2026, nos adentramos en una cavidad soriana que nos conducirá a una pequeña historia, casi olvidada, de la bioespeleología ibérica. La Cueva de San Cristóbal fue visitada por el prehistoriador y naturalista francés Henri Breuil en sus continuas exploraciones en busca de muestras del pasado humano. Su objetivo eran los restos arqueológicos, pero Henri no se olvidó de recolectar y relatar la fauna que vivía en las cuevas. Desde sus inicios, Breuil se apuntó, junto a otros naturalistas, al proyecto Énumération des Grottes Visitées de comienzos del siglo XX, creado por los fundadores de la Bioespeleología, Emil Racovitza y René Jeannel. Nosotros, con nuestras entradas en los blogs, estamos emulando este proyecto para dar a conocer la fauna cavernícola en este, ya avanzado, siglo XXI.

 “Intrépidos” espeleólogos que siguieron las huellas de Henri Breuil, de izquierda a derecha, en la parte superior: José, Alberto, Txomin, Maika, Virginia, Nacho y Elena; en la parte inferior: Jesús y Jorge. Fotografía: José Ramón Sanzy y Maika Colmena.
También aquí otros destacables y “aguerridos” espeleólogos, un siglo atrás. En primer plano vemos al abate Henri Breuil (1877-1961), en pie con un bastón. Tuvo un destacado protagonismo en las campañas de recolección de fauna cavernícola ibérica, que aparecen recopiladas en los listados de cavidades de Biospéologica y reflejadas en los repertorios de la Énumération des grottes visitées. Aunque es bien conocido su relevante papel como prehistoriador, sus intereses científicos y sus aptitudes como naturalista le permitieron también prospectar la fauna cavernícola de numerosas cavidades por buena parte de la Iberia.

El 19 de junio de 1912, Breuil entró en Cueva San Cristóbal; nosotros, 114 años después, hemos regresado. Así, el pasado 26 de julio seguimos los pasos de este consumado naturalista. Lo hicimos con un objetivo exclusivo: volver a encontrarnos con la fauna cavernícola que esta cavidad albergaba. Sin embargo, la cavidad ya no es la misma, las superficies estalagmíticas que cubrían el suelo de las salas que Breuil calificó como “bellas” han sido excavadas. Los espeleotemas, unos de formas acaracoladas y otros como colmillos de elefante,ya no están o yacen rotos en el suelo. Por fortuna, la vida que vio aún sigue allí y, entre los hallazgos de Henri Breuil, uno es especialmente destacable: un diplópodo (milpiés) que los investigadores que describieron la especie, Jean-Paul Mauriès y María Cristina Vicente, bautizaron en su honor, 65 años después, como Cottodesmus breuili. En la publicación que lo describió, los autores incluyeron los dos únicos ejemplares recogidos por Breuil en 1912 en la Cueva de San Cristóbal −que habían estado durmiendo el sueño de los justos en la colección del Museo Nacional de Historia Natural en París− y 10 ejemplares de otra cavidad soriana muy próxima, la Cueva Galiana, en Ucero, que fueron recogidos en 1975 por dos prestigiosos bioespeleólogos catalanes, Antoni Serra y Eduard Vives.

Hasta el día de hoy, casi 50 años después, no se ha publicado ningún nuevo registro de C. breuili, ni en esas ni en ninguna otra cueva. Además, toda la iconografía disponible consiste en dibujos realizados a tinta de las estructuras reproductoras (gonópodos) del macho de la especie. Nuestras fotografías y vídeos son,hasta la fecha, los primeros que muestran a este interesante diplópodo, y constituyen el primer testimonio de la supervivencia de esta especie en medio siglo.

Sin embargo, la rareza no es lo único que hace especial a Cottodesmus breuili. En su nombre científico ya encontramos algunas pistas sobre su singularidad. La primera parte, el nombre genérico, es una composición de “Cotto” (relativo a los Alpes Cocios) y “-desmus” (por el orden de los polidésmidos, milpiés de espaldas aplanadas al que pertenece). ¿Por qué esta especie lleva en su nombre estas montañas, tan alejadas de la cavidad soriana? La respuesta está en que el género al que pertenece, Cottodesmus Verhoeff, 1936 (descrito por el reconocido y prolífico zoólogo alemán Karl Wilhelm Verhoeff, 1867–1945, con más de 600 trabajos publicados), fue propuesto por Verhoeff para acomodar una rara especie epigea que solo se encuentra en el Piamonte italiano. Cuando Mauriès y Vicente examinaron la especie soriana, vieron, sin duda, que esta era muy parecida y, por tanto, un pariente cercano de la italiana; por ello, debía estar en su mismo género. ¿Por qué tenemos una distribución tan particular del género, con una especie epigea en los Alpes y otra cavernícola en Soria? De momento solo podemos especular. Quizá en algún momento el clima y la vegetación de Soria eran similares a los que encontramos hoy en día en los Alpes, y a lo largo de los milenios, al aridificarse el paisaje (¿o quizá durante periodos glaciares?), los ancestros epigeos de la especie soriana comenzaron a buscar refugio bajo tierra.

 


Como protagonista de la Cueva de San Cristóbal, el milpiés Cottodesmus breuili figura en todas estas imágenes. En las superiores lo vemos acudiendo a apetitosos excrementos; es frecuente ver a los diplópodos aprovechando la madera muerta, pero aquí sin duda encuentran un manjar más nutritivo; en las fotografías inferiores vemos en mayor detalle cómo se desplazan; y, por último, en el ángulo inferior derecho, un opilión del género Nemastomella. Fotografías de José Domingo Gilgado

Vídeo del milpiés Cottodesmus breuili de José Domingo Gilgado

Vídeo del milpiés Propolydesmus dismilus de Nacho Velasco y Elena Prima

Vídeo del opilión Nemastomella de José Domingo Gilgado

Pero todavía hay más cosas que hacen singular a Cottodesmus breuili. El género Cottodesmus pertenece a una familia de pequeños polidésmidos llamada Trichopolydesmidae, que hasta la fecha no tiene ningún otro representante ibérico.

Esta especie es, por tanto, un endemismo de un par de cavidades, San Cristóbal y Galiano (San Cristóbal y Galiana), y pertenece, por tanto, a un linaje aislado y relicto, sin parientes cercanos en el ámbito ibérico; solo se ha encontrado dos veces en más de un siglo y no sabemos prácticamente nada de ella.

 

Algunos de los miembros del equipo buscando fauna en una de las salas deterioradas de la Cueva de San Cristóbal. Fotografía: José Ramón Sanz y Maika Colmena
Miembros del equipo comenzando la exploración de la Cueva de San Cristóbal. Fotografía:Nacho Velasco y Elena Prima

Durante nuestra visita, la cavidad también nos mostró un elenco diverso de otros artrópodos de la fauna terrestre, como colémbolos, ácaros, arañas, un opilión del género Nemastomella y un dipluro campodeido afín a la especie cavernícola de los Montes Vascos, Podocampa aff. Simonini, además de otra especie de diplópodo, el polidésmido Propolydesmus dismilus, visitante habitual de muchas cavidades ibéricas. Cuando regresemos, volveremos a verlos y quizás podamos daros más datos sobre esta fauna de la histórica Cueva de San Cristóbal.

Referencias

Jeannel René, Racovitza Emil G. 1914. Énumération des grottes visitées, 1911-1913 (cinquième série). Biospéologica XXXIII. Archives de Zoologie Expérimentale et Générale 53: 325–558.

Mauriès, J.P., Vicente, M.C. 1977. Myriapodes Diplopodes nouveaux ou peu connus des Pyrénées espagnoles, des monts Cantabriques et de Galice. Bulletin du Muséum d'Histoire Naturelle 315: 529-546.

Recuero, E. 2023. Diplópodos, milpiés dejando miríadas de huellas, págs. 335‒352. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Sendra, A., Pérez T., Caballero B., Masó G., Auroux Ll., Prieto M., Monsalve MA.
Ginés À. 2023. Historia, un relato sobre hallazgos y descubrimientos, págs. 579‒632. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Verhoeff KW (1936) Chilognathen aus Nordwestitalien und über einige andere mediterrane Diplopoden. 128. Diplopoden-Aufsatz. Zoologische Jahrbücher. Abteilung für Systematik, Ökologie und Geographie der Tiere 68(4–5): 353–444.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad

Alberto Sendra, José Domingo Gilgado y Lluís Auroux 

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